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Una teoría multidimensional de las emociones: marco predictivo
para la toma de decisiones en mercados y sistemas sociales
A multidimensional theory of emotions: a predictive framework for
decision-making in markets and social systems
- Recibido: 2025/03/26 - Aprobado: 2025/05/09 - Publicado: 2025/06/03
Leonardo Correa Flores
Alajuela, Costa Rica
leonardo.correa@ticosoftcr.com
https://orcid.org/0009-0002-9184-2619
Lucia Vega Castro
Instituto Superior Tecnológico LEMAS, Guayaquil, Ecuador
coo.neuro@teclemas.edu.ec
https://orcid.org/0000-0003-1349-2799
Byron Quiñonez Lecaro
Instituto Superior Tecnológico LEMAS, Guayaquil, Ecuador
thumano@teclemas.edu.ec
https://orcid.org/0009-0001-2655-8227
Resumen
Los modelos contemporáneos de la emoción en las ciencias del comportamiento suelen apoyarse
en clasificaciones categoriales o dimensionales que aíslan las emociones como fenómenos
discretos o escalares. Si bien estos enfoques han generado aportes relevantes, presentan
limitaciones sustantivas para predecir la toma de decisiones en contextos complejos y reales. Este
artículo presenta un marco conceptual novedoso que reconceptualiza las emociones como sistemas
dinámicos y multinivel que operan de manera simultánea a través de distintos niveles funcionales
de la cognición humana.
A través de un diseño cualitativo basado en la Teoría Fundamentada sistemática, se analiza cómo
la experiencia emocional emerge de la interacción entre sistemas instintivos, socioemocionales y
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analíticos, cada uno regido por lógicas y tendencias de acción diferentes. El marco integra aportes
desde la economía conductual y las neurociencias, superando las limitaciones de modelos
reduccionistas anteriores. Se muestra cómo esta arquitectura multidimensional ofrece una mejor
capacidad para explicar y predecir el comportamiento del consumidor, las decisiones políticas y
las dinámicas organizacionales. Al desplazar el foco desde las etiquetas emocionales hacia la
matriz relacional estructurada, esta teoría ofrece un paradigma robusto para el análisis anticipatorio
y la intervención estratégica en sistemas adaptativos complejos.
Palabras clave
toma de decisiones, emociones, sistemas sociales, investigación de mercados, modelos
contemporáneos
Abstract
Contemporary models of emotion in behavioral sciences and market research commonly rely on
categorical or dimensional classifications that isolate emotions as discrete or scalar phenomena.
Although these approaches have generated important contributions, they present substantive
limitations when attempting to predict decision-making in complex and real-world contexts. This
article introduces a novel conceptual framework that reconceptualizes emotions as dynamic,
multilevel systems operating simultaneously across distinct functional layers of human cognition
and behavior. Utilizing a qualitative research design based on systematic Grounded Theory, we
analyze how emotional experience emerges from the interaction among instinctive,
socioemotional, and analytical systems, each governed by different logics, temporalities, and
action tendencies. The framework integrates contributions from neuroscience, psychology, and
behavioral economics, addressing key shortcomings of reductionist models. The article
demonstrates how this multidimensional architecture enhances both explanatory and predictive
capacity in the analysis of consumer behavior, political decision-making, and organizational
dynamics. By shifting the analytical focus from emotional labels to emotional architecture, this
theory provides a robust paradigm for anticipatory analysis and strategic intervention within
complex adaptive systems.
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Keywords
decision making, emotions, social systems, market research, contemporary models
Introducción
Comprender cómo las emociones influyen en la toma de decisiones humanas continúa siendo un
desafío central en disciplinas que van desde la neurociencia y la psicología hasta la economía, el
marketing y la ciencia política (Damasio, 1994; Lerner et al., 2015). A pesar de décadas de
investigación, los modelos dominantes siguen enfrentando un problema fundamental: las
emociones rara vez operan de manera aislada, y sin embargo la mayoría de los marcos analíticos
las tratan como estados singulares y dominantes (Barrett, 2017; Pessoa, 2008). En ámbitos
aplicados como la investigación de mercados y el análisis del consumidor, esta limitación se
traduce en diagnósticos reactivos que explican conductas pasadas, pero no logran anticipar
decisiones futuras (Lerner et al., 2015; Prelec & Loewenstein, 1998). Históricamente, la economía
clásica intentó omitir estas variables bajo el supuesto de un actor puramente racional, un concepto
criticado por Simon (1955) al introducir la racionalidad limitada. Posteriormente, la economía
conductual evidenció la presencia de sesgos cognitivos sistemáticos en entornos de incertidumbre
(Kahneman, 2011; Thaler, 2015), demostrando que las elecciones humanas se alejan de la
optimización matemática debido a fuerzas subyacentes irracionales o impulsivas (Ariely, 2008).
Los modelos emocionales tradicionales pueden agruparse, de manera general, en dos grandes
enfoques. El primero incluye aproximaciones categoriales que clasifican las emociones en
conjuntos fijos (por ejemplo, miedo, ira, alegría), mientras que el segundo se apoya en modelos
dimensionales que sitúan las emociones a lo largo de continuos como valencia y activación
(Russell & Barrett, 1999). Aunque ambos enfoques cuentan con respaldo empírico (Panksepp,
1998; Barrett, 2017), tienden a aplanar la complejidad emocional y a pasar por alto la activación
simultánea de múltiples sistemas emocionales. Como consecuencia, ofrecen escasa orientación
para predecir el comportamiento en condiciones de incertidumbre, ambivalencia o conflicto
cognitivo (Loewenstein, 2000), condiciones que definen cada vez más los entornos sociales y
económicos contemporáneos.
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Esta investigación aborda esta brecha proponiendo una redefinición estructural del
funcionamiento emocional mediante la construcción de una teoría emergente (Strauss & Corbin,
1990). Las emociones se conceptualizan no como estados singulares, sino como configuraciones
emergentes producto de la interacción de múltiples capas funcionales dentro del sistema humano
(Barrett, 2017; Damasio, 1994). Esta perspectiva se alinea con avances en la teoría de sistemas y
en la investigación neurocognitiva (Pessoa, 2008; Panksepp, 1998), y los extiende hacia un marco
coherente diseñado explícitamente para aplicaciones predictivas y estratégicas en sistemas sociales
(Camerer et al., 2005; Elster, 1999).
1.1. Fundamentos conceptuales
La teoría propuesta se apoya, pero a la vez trasciende críticamente, el modelo clásico del cerebro
triuno. Si bien dicho modelo introdujo una heurística útil al distinguir entre funciones reptilianas,
límbicas y neocorticales, ha sido ampliamente cuestionado por su simplificación anatómica
(Pessoa, 2008). Los hallazgos contemporáneos de la neurociencia afectiva demuestran que las
emociones no están localizadas en estructuras aisladas, sino distribuidas en redes neuronales
altamente integradas (Panksepp, 1998; Pessoa, 2008). Por ende, este marco no plantea una
segregación neuroanatómica estricta; en su lugar, adopta una interpretación funcional que enfatiza
modos de procesamiento más que regiones cerebrales fijas.
Bajo una perspectiva constructivista y sistémica, la experiencia emocional no es una reacción
automática pasiva, sino una predicción activa que el cerebro realiza combinando estímulos
exógenos con conceptos aprendidos (Barrett, 2017; Damasio, 1994). Dentro de este marco, el
funcionamiento emocional se organiza en tres sistemas principales que operan concurrentemente:
Sistema instintivo: Responsable de respuestas orientadas a la supervivencia, detección
rápida de amenazas y tendencias automáticas de acción. Como señala LeDoux (1996), este
procesamiento sigue vías subcorticales rápidas que priorizan la inmediatez por sobre la
precisión adaptativa (véase también Panksepp, 1998).
Sistema socioemocional: Regula el significado relacional, la construcción identitaria y la
modulación afectiva en contextos sociales. Las emociones en este nivel están fuertemente
moldeadas por el aprendizaje, las normas y la retroalimentación interpersonal,
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interactuando con evaluaciones cognitivas complejas sobre el entorno (Damasio, 1994;
Lerner et al., 2015).
Sistema analítico: Posibilita la evaluación reflexiva, el razonamiento simbólico y la toma
de decisiones orientada al futuro. Las señales emocionales en este sistema se integran con
modelos abstractos, narrativas y deliberación consciente (Camerer et al., 2005; Fehr &
Rangel, 2011).
De manera crucial, estos sistemas operan de forma concurrente y no secuencial (Barrett, 2017).
En cada momento, el comportamiento refleja la activación relativa, la dominancia o el conflicto
entre estas capas, dando paso a una configuración emergente que guía la acción (Elster, 1999;
Loewenstein, 2000).
1.2. La arquitectura multidimensional de la emoción y sus aplicaciones
La innovación de esta teoría reside en su perspectiva arquitectónica. Las emociones se definen
como estados multidimensionales caracterizados por una activación en capas, dinámicas
temporales diferenciadas y lógicas de acción distintas (Barrett, 2017; Panksepp, 1998). Los
modelos tradicionales tienden a colapsar estas dimensiones en un único constructo, oscureciendo
los mecanismos que finalmente impulsan la elección. En contraste, el enfoque multidimensional
permite identificar qué sistema es dominante, cuáles son secundarios y cómo su interacción moldea
el comportamiento observable en mercados y dinámicas complejas (Camerer et al., 2005;
Loewenstein, 2000).
En la investigación de mercados, las limitaciones de las métricas emocionales unilineales
resultan evidentes, pues indicadores como la satisfacción o la confianza suelen fallar al anticipar
cambios abruptos o conductas de rechazo del consumidor (Ariely, 2008). El marco
multidimensional explica estos fallos al revelar desalineaciones entre sistemas de procesamiento.
Por ejemplo, una marca puede obtener altos puntajes en confianza analítica mientras activa
simultáneamente respuestas instintivas de amenaza por volatilidad de precios, o disonancia
socioemocional por desajuste identitario (Damasio, 1994). Estas configuraciones generan
inestabilidad latente que permanece invisible para las mediciones unidimensionales habituales. Al
mapear arquitecturas emocionales, las organizaciones pueden identificar señales tempranas de
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alerta y diseñar intervenciones estratégicas basadas en el balance de incentivos económicos y
fuerzas afectivas (Lerner et al., 2015; Prelec & Loewenstein, 1998).
Este poder explicativo se extiende a los sistemas políticos y sociales, donde las decisiones de
voto suelen reflejar conflictos profundos entre el miedo instintivo, la identidad social y la
evaluación analítica de propuestas (LeDoux, 1996; Elster, 1999). Las campañas que abordan
únicamente una capa corren el riesgo de activar respuestas contrapuestas en otras, provocando
comportamientos colectivos volátiles que desestabilizan las proyecciones macroeconómicas e
institucionales (Shiller, 2015; Kahneman, 2011).
Materiales y Métodos
Para la edificación y validación de este marco conceptual se empleó la Teoría Fundamentada (TF)
en su vertiente sistemática desarrollada por Anselm Strauss y Juliet Corbin (1990). Este enfoque
metodológico de base cualitativa es idóneo debido a su énfasis en el desarrollo de conceptos
densamente interrelacionados mediante un proceso riguroso de codificación, permitiendo transitar
de la descripción de datos empíricos a la formulación de un modelo con capacidad explicativa y
predictiva (Corbin & Strauss, 2008).
2.1. Diseño de la investigación y muestreo teórico
La investigación adoptó un diseño cualitativo inductivo. La recolección de los datos se reali
utilizando un muestreo teórico, donde la selección de los participantes y las fuentes de información
no respondió a criterios estadísticos representativos fijos, sino a las necesidades analíticas
emergentes de las categorías en desarrollo.
La muestra final constó de 42 informantes clave divididos en tres grupos estratégicos: (a) 15
operadores de mercados financieros (traders y gestores de fondos de inversión), (b) 14 especialistas
en comportamiento del consumidor y neuromarketing, y (c) 13 tomadores de decisiones
estratégicas en organizaciones públicas y políticas de Costa Rica. La recolección de datos
primarios se realizó mediante entrevistas en profundidad semiestructuradas, protocolos de
pensamiento en voz alta durante simulaciones de toma de decisiones financieras, y diarios de
autorregistro conductual. Los datos se recolectaron y analizaron de forma simultánea hasta
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alcanzar la saturación teórica, punto en el cual la incorporación de nuevos datos ya no modificaba
ni aportaba propiedades o dimensiones adicionales a las categorías construidas (Strauss & Corbin,
1990).
2.2. Procedimiento de Análisis de Datos (Codificación)
El análisis se ejecutó siguiendo las tres fases sistemáticas prescritas por Strauss y Corbin,
utilizando el software ATLAS.ti (versión 23) como soporte logístico para garantizar la
auditabilidad del proceso:
Codificación Abierta: Los datos textuales de las transcripciones fueron desmenuzados línea
por línea. Se identificaron incidentes particulares referidos a las vivencias emocionales y
las elecciones de los actores. Estos incidentes fueron etiquetados en conceptos primarios
(v.g., pánico financiero, reputación social, justificación algorítmica). Posteriormente, los
conceptos con características similares se agruparon en categorías s abstractas,
determinando sus propiedades (atributos) y dimensiones (ubicación de las propiedades a lo
largo de un continuo).
Codificación Axial: En esta fase, las categorías se relacionaron de manera sistemática con
sus subcategorías utilizando el Modelo del Paradigma de Codificación. Este modelo
analítico obligó a estructurar la información identificando:
o Condiciones Causales: Eventos que provocaron la aparición del fenómeno (e.g., caídas
abruptas de precios, sobrecarga informativa).
o Contexto: El conjunto de condiciones específicas dentro de las cuales se enmarca el
fenómeno (e.g., mercados bursátiles altamente volátiles).
o Condiciones Intervinientes: Factores que mitigan o alteran el impacto de las
condiciones causales (e.g., experiencia técnica previa del operador, regulaciones
institucionales).
o Estrategias de Acción e Interacción: Respuestas conductuales y cognitivas diseñadas
para manejar el fenómeno bajo ciertas condiciones (e.g., seguimiento ciego de
tendencias de masas, parálisis por análisis).
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o Consecuencias: Los resultados de la implementación de dichas estrategias (e.g.,
burbujas de mercado, decisiones políticas polarizadas).
Codificación Selectiva: Esta fase consistió en el proceso de integrar y refinar la teoría para
descubrir la Categoría Central o fenómeno principal que articula toda la red de relaciones.
Mediante la redacción de memorándums analíticos y el trazado de diagramas conceptuales,
se determinó que la categoría central es la Arquitectura Emocional Multidimensional
(AEM), ya que posee el poder explicativo suficiente para ordenar el comportamiento de
todas las subcategorías observadas.
2.3. La Matriz condicional/consecuencial
Finalmente, para dotar al marco de su carácter predictivo, se aplicó la Matriz
Condicional/Consecuencial. Esta herramienta macro-micro permitió mapear cómo las condiciones
estructurales e históricas de los mercados globales (nivel macro) se filtran a tras de los entornos
organizacionales y grupales (nivel meso), hasta impactar el procesamiento afectivo individual
(nivel micro) y traducirse en acciones predecibles dentro del sistema adaptativo social.
Resultados
La Teoría de las Emociones Multidimensionales desafía supuestos dominantes en la investigación
económica y conductual tradicional al rechazar el reduccionismo sin abandonar el rigor científico
(Fehr & Rangel, 2011; Camerer et al., 2005). Su aporte fundamental no consiste en la invención
de nuevas taxonomías o etiquetas afectivas, sino en redefinir la unidad de análisis de los sistemas
sociales centrándose en las dinámicas relacionales de sus componentes (Elster, 1999; Loewenstein,
2000). Al contrastar la teoría emergente con la literatura contemporánea, se observa que
complementa significativamente los modelos de toma de decisiones basados en la neuroeconomía
y el procesamiento dual (Fehr & Rangel, 2011; Kahneman, 2011).
Mientras que los enfoques clásicos de la economía del comportamiento sugieren un
antagonismo rígido entre la emoción y la razón (Kahneman, 2011), los hallazgos de este estudio
demuestran una interacción homeostática. Los tres sistemas identificados (instintivo,
socioemocional y analítico) coexisten en un acoplamiento estructural constante (Panksepp, 1998;
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Damasio, 1994). La predictibilidad del comportamiento humano, por lo tanto, no surge de aislar
variables, sino de comprender las pautas de dominancia relacional expuestas en el paradigma de
codificación metodológico. Como argumenta Elster (1999), las emociones imponen restricciones
y directrices que la racionalidad formal simplemente se encarga de operativizar.
Adicionalmente, este marco se distancia de las visiones que asumen que la toma de decisiones
óptima requiere la supresión absoluta del afecto. Como postula Gigerenzer (2007), en entornos de
alta complejidad e información incompleta, los mecanismos heurísticos rápidos muchos de ellos
enraizados en el sistema instintivo y emocional poseen una racionalidad ecológica superior a
los cómputos de optimización matemática abstracta (véase también Simon, 1955). Por lo tanto, el
marco predictivo formulado bajo el prisma de la TF (Corbin & Strauss, 2008) ayuda a descifrar en
qué condiciones contextuales e intervinientes las configuraciones emocionales devendrán en
decisiones estables o en anomalías sistémicas de mercado (Shiller, 2015).
Conclusiones
Este artículo ha presentado la Teoría de las Emociones Multidimensionales como un nuevo
paradigma para comprender y predecir la toma de decisiones humanas (Elster, 1999; Gigerenzer,
2007). Al conceptualizar las emociones como sistemas multinivel en lugar de estados aislados
(Panksepp, 1998; Barrett, 2017), el marco supera las limitaciones metodológicas de los
instrumentos de autorreporte tradicionales (Kahneman, 2011) y proporciona herramientas de
diagnóstico accionables en múltiples dominios organizacionales (Lerner et al., 2015; Camerer et
al., 2005).
En una era definida por la complejidad y la incertidumbre, anticipar el comportamiento requiere
herramientas analíticas que reflejen la verdadera arquitectura del funcionamiento emocional
(Damasio, 1994; Loewenstein, 2000). La teoría formulada a través del rigor procedimental de la
Teoría Fundamentada (Strauss & Corbin, 1990; Corbin & Strauss, 2008) ofrece dicha herramienta,
abriendo nuevas vías de investigación y aplicación empírica en mercados, política y sistemas
sociales adaptativos (Shiller, 2015; Fehr & Rangel, 2011).
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Futuras investigaciones deberían explorar la operacionalización cuantitativa de la Arquitectura
Emocional Multidimensional mediante instrumentos psicofisiológicos y de neuroimagen, así como
la validación cruzada del modelo en contextos culturales y económicos distintos al costarricense.
La integración de la AEM con modelos computacionales de simulación de sistemas complejos
representa asimismo una promisoria vía de extensión (Camerer et al., 2005; Ariely, 2008).
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