académicas y desarrollo curricular y una comprensión ética sobre su uso. En este aspecto, usar
tecnología por el simple hecho de usarla no significa que el estudiante este aprendiendo, sino que
el uso de toda herramienta debe responder a una justificación, a un propósito y estar vinculada al
logro o alcance de un objetivo. Sin esto, solo se estaría teniendo una actividad más que no logra
ser significativa para el estudiante (Shleicher, 2018).
Por otro lado, el desafío de la atención a la diversidad en la docencia del siglo XXI sigue siendo
un talón de Aquiles para gran proporción de docentes. En los tiempos actuales, las aulas son cada
vez más heterogéneas y, se espera que el docente sepa manejar todas estas diferencias y lograr un
resultado de aprendizaje significativo. Enfrentar variables culturales, sociales, lingüísticos y de
capacidades de aprendizaje pueden ser desafiantes e incluso desalentar el ejercicio por la docencia
como tal. Por tanto, es vital que el docente busque herramientas que le permitan conocer sobre el
desarrollo de un currículo diferenciado, técnicas pedagógicas, convivencia escolar, resolución de
conflictos y, explicaciones para el desarrollo humano para no producir prácticas excluyentes o
estigmatizantes; sino que pueda desarrollar o alcanzar un aula segura para todos y todas sus
estudiantes (Zhao, 2012).
Finalmente, un tema relevante en la educación y en el ejercicio de la docencia del siglo XXI
tiene que ver sin duda con la salud mental y el bienestar del docente contemporáneo. El hecho de
asumir varios roles diferentes: educador, orientador, gestor, evaluador, directivo, entre otros;
puede abrumar a un docente y disminuir su capacidad para gestionar apropiadamente la carga de
trabajo, llevándolo a un cuadro de estrés crónico e incluso al síndrome de quemarse por el trabajo.
Es común además que los docentes no sean correctamente remunerados; en algunos países siguen
siendo de las profesiones menos reconocidas, pero, que presentan un nivel de exigencia muy
superior al del resto de profesiones (Manrique et al.,2014). Por tanto, es vital que el rol del Estado
y de las instituciones educativas sean la de promover el apoyo institucional y el reconocimiento
necesario por las vocaciones docentes que se encuentran activas a tiempo actual, de forma que se
evite llegar a situaciones de desgaste emocional, sensación de desamparo, estrés, entre otros. En
Ecuador, estas sensaciones en los docentes del sistema educativo son constantes: existen
amenazas, extorsiones, secuestros, entre otros que hacen que labor educativa sea llevada a cabo
con riesgos para la seguridad del docente y desmotiva a la formación de nuevos docentes en las
aulas universitarias (Marenco-Escuderos y Ávila-Toscano, 2016).